lunes, 1 de junio de 2009

“RECESIÓN MUNDIAL Y ECONOMÍA NACIONAL”


Por: Jesús Castillo More
Profesor Adscrito al Departamento de Ciencias Empresariales

Durante el presente año, la producción y el comercio exterior mundial caerán por primera vez en sesenta años.

Pocos países, entre ellos el nuestro, capearán esta crisis, amortiguando sus efectos sobre la producción nacional y el empleo. Mientras México espera una caída del 7% en su PBI, Perú crecerá al menos 3%, gracias a su diversificada estructura productiva, sus sólidos fundamentos macroeconómicos, sustentados en un nivel de reservas internacionales de más de 31 mil millones de dólares, bajas expectativas inflacionarias, relativa estabilidad política y un manejo satisfactorio de su política monetaria y fiscal.

Según informa el Banco Central, en su reciente Nota de Estudios Nº 23 sobre Actividad Económica, el crecimiento acumulado del PBI en el primer trimestre de este año fue de 2%; debido al crecimiento de 3.9% en el sector agropecuario, 5.1% en el sector construcción, 3.6% en el sector minería e hidrocarburos, contrarrestados por la caída en el sector manufactura y en el sector pesca, que cayó 19%.

La demanda de nuestras exportaciones ha bajado, afectando los precios, sin embargo, paralelamente los precios de las importaciones también han caído, ejerciendo un efecto compensatorio sobre la Balanza Comercial.

El mundo creció a una tasa promedio anual de 2.9% en la década del 90, ascendió a 3.8% en el quinquenio 2000-05 y alcanzó su máximo en el año 2007 con 5.2%, para situarse en 3.2% en 2008 y mostrar una perspectiva recesiva para este año, calculada en -1.2%.
El récord de crecimiento de América Latina, superó al mundial con 5.7% en el año 2007 y 4.2% en el 2008, para proyectarse hacia un -2% este año.

Si a estas tasas de crecimiento en el PBI le restamos las respectivas tasas de crecimiento poblacional, encontramos que el ingreso por persona se ha estancado o ha retrocedido a nivel mundial.

Como sabemos, la prosperidad de la última década se ha basado en las antes nunca vistas tasas de crecimiento en el ingreso por persona, que hicieron posible que un país duplique su poder adquisitivo en apenas una década en vez de cada 70 años como sucedía cuando la tasa de crecimiento era solo del 1%.

El cambio en el escenario macroeconómico mundial provocó un significativo deterioro de las expectativas y un aumento en la incertidumbre a nivel global.

Empresas y personas decidieron postergar sus decisiones de financiamiento, de gasto y de inversión, afectando los niveles de actividad económica interna y el empleo, transformando una crisis originada en el sistema financiero, en una crisis real de despidos y desempleo.

La mejora de la situación depende mucho de que los inversionistas reviertan sus expectativas desde pesimistas a optimistas. Las políticas monetarias de bajas en las tasas de interés se orientan a incentivar la inversión, pero no se gana mucho llevando el caballo al río si éste se niega a beber. Las expectativas de los empresarios son volátiles y sensibles a los acontecimientos diarios.

Las proyecciones muestran una recuperación más rápida de las economías emergentes que las del mundo desarrollado. El inmenso mercado interno de China le permitirá revertir a corto plazo su crecimiento económico. En los países cuyo PBI está supeditado al valor de sus exportaciones, tienen que superar la caída en volumen y precio, que son las que determinan este valor.

En el Perú, el costo de financiamiento externo ha disminuido y el mercado de bonos ha tenido impulso que permite al sistema financiero peruano colocar bonos a nivel internacional.