martes, 5 de mayo de 2009

“LA EDUCACIÓN MATEMÁTICA PARA LA SOCIEDAD ACTUAL, UN PROBLEMA POR RESOLVER”


Por: Julio Rojas Chávez
Profesor adscrito al Departamento de Ciencias de la Educación

Los escenarios diversos tanto económicos, sociales y culturales en el contexto mundial y nacional vienen planteando una serie de retos al sistema educativo, básicamente referido a los procesos de la educación matemática. Todo ello se pone en evidencia en los planteamientos que hiciera la UNESCO (2005), al declarar que el aprendizaje de la matemática es una necesidad social que hay que modificar; es decir, supone fundamentalmente innovaciones en el desarrollo curricular en la educación básica.

Siguiendo a Rico, L.; citado por Castro, E: (2001), la finalidad que justifica la enseñanza-aprendizaje de la matemática en primaria, es lo formativo, práctico e instrumental. En el aspecto formativo la matemática es la disciplina privilegiada para desarrollar la cognición en la persona, expresadas en habilidades de razonamiento, comunicación, representación y solución de problemas.

El aspecto, práctico o funcional, se refiere a las habilidades que los niños y niñas desarrollan cuando solucionan problemas de la vida cotidiana, para lo cual se hace necesario adicionar cada vez más conocimientos matemáticos y tecnológicos, incluyendo situaciones de la vida laboral. Finalmente, la matemática como instrumento es un medio para el estudio de otras disciplinas, debido a su naturaleza está presente en las actividades personales de la vida cotidiana y en los escenarios futuros, laboral y académico.

Sin embargo, estas demandas en nuestro sistema educativo no se vienen satisfaciendo por la concepción matemática que vienen asumiendo los docentes de aula y por la falta de un manejo epistemológico del área, trayendo como secuela una enseñaza centrada en resultados y no en procesos. Por otro lado aún persiste la creencia de que las únicas habilidades y destrezas que se pueden desarrollar se limitan a cálculos algorítmicos, a las demostraciones formales y a la resolución de problemas tipo, en contraposición a lo que refiere el MED (2005) “el panorama de las destrezas procedimentales se debe ampliar a otros procedimientos matemáticos como estimaciones de cálculo y medidas, cálculo mental, manejo de herramientas de cálculo, desarrollo de estrategias, resolución de problemas heurísticos, el pensamiento crítico y creativo”.

Por lo tanto, la educación matemática en la educación primaria para responder a los nuevos escenarios que presenta la actual estructura social, debe considerar lo siguiente:
  1. Los docentes deben formar el pensamiento matemático en los niños y niñas superando el antagonismo existente entre la transmisión del saber matemático que se viene implementando y la educación matemática que demanda nuestra sociedad del conocimiento, a partir de la implementación de un conjunto de adecuados procesos pedagógicos como: saberes previos, conflictos cognitivos, motivación, procesamiento de la información, reflexión sobre el aprendizaje, para institucionalizar una matemática que humaniza a la persona del estudiante y del docente.
  2. La docencia no puede esperar que los alumnos aprendan por definiciones o reglas; si no mas bien debe centrarse en la elaboración de conceptos, de significados, resultado de una abstracción vía la capacidad comparativa, con sólidas bases conceptuales y cercanas a la actividad cotidiana del estudiante.
  3. Es urgente que el docente adquiera en su práctica pedagógica, una visión de la enseñanza de la matemática contemplando no solamente un significado del conocimiento matemático, centrado en la lógica y la presentación formal, sino que necesita además que se considere desde una pluralidad de significados: fenomenológico, diversidad de representaciones y de modelos correspondientes a cada concepto, actividades lúdicas, materiales y recursos manipulativos e historicidad del conocimiento matemático.
  4. Los docentes, padres de familia y el ámbito de la gestión escolar deben reconocer la importancia de la verificación lógica y matemática de los resultados y procesos; frente a la visión del profesor como única fuente de respuestas correctas; el razonamiento matemático y la argumentación, más que los procedimientos de simple memorización; la conexión de las ideas matemáticas y sus aplicaciones, frente a la visión de las matemáticas como un cuerpo aislado de conceptos y reglas.

¿POR QUÉ Y PARA QUÉ LA ACREDITACIÓN?...EN LAS FACULTADES Y ESCUELAS DE EDUCACIÓN.


Por: Santiago Octavio Bobadilla Ocaña,
Profesor adscrito al Departamento de Ciencias de la Educación.


Los retos de la sociedad del conocimiento, la adquisición de competencias profesionales, la innovación, la preparación de futuros profesionales y ciudadanos que sean capaces de afrontar las demandas de la sociedad del S. XXI, representa el reto que debe asumir la universidad en estos momentos. No solamente tiene que reflexionar sobre los conocimientos que se imparten, sino también sobre cómo se imparten, en el marco de un real proceso de investigación acreditado con fuentes y medios de verificación respecto a las diversas funciones que se implementan y lo que la sociedad realmente necesita y demanda.

En el marco de este proceso el 31 de marzo del 2008, se publicaron el D.L. Nº 998 y la R.M. Nº 0173-2008-ED; y el 3 de julio del mismo año el correspondiente reglamento, donde se consigna que las universidades deben buscar la calidad tanto en el cumplimiento de los procesos en sus programas de innovación tecnológica como en los proyectos educativos que ofrezcan, haciéndose necesario para tal fin un sistema de acreditación.

El proceso de acreditación en el Perú está en marcha en el marco de la Ley Nº 28740 que corresponde al Sistema Nacional de Evaluación, Acreditación y Certificación de la Calidad Educativa (SINEACE), reglamentada con D.S. Nº 018-2007 el 09 de junio del año 2007. También se tiene instalado un directorio del Consejo de Evaluación, Acreditación y Certificación de la Calidad de la Educación Superior Universitaria CONEAU, órganos operadores del SINEACE.

La Escuela de Educación de nuestra casa de estudios y los diferentes actores, son concientes que el proceso de autoevaluación con fines de acreditación no solo se trata de cumplir y saltar la valla respecto a los estándares que plantea el modelo CONEAU, sino más bien se trata de institucionalizar una cultura evaluativa, donde apunte a los procesos y no a los productos, de lo que se tiene y no se tiene, e ir parchando para llegar a resultados. En suma se trata más bien de ir mirando nuestras propuestas de mejora y si estas encajan con las demandas y exigencias de la sociedad respecto a la formación de profesionales de calidad y que a través de su práctica puedan delimitar y solucionar problemas. Además convertirse en una institución que facilite la acreditación de otras facultades y escuelas de educación a nivel regional y nacional.
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Con este propósito se ha conformado una comisión central de autoevaluación, con fines de acreditación, la misma que está implementando una serie de actividades desde el mes de febrero, sensibilizando a los profesores, estudiantes y autoridades. Como apoyo, se tiene tres sub comisiones que están adecuando a nuestra realidad el Modelo CONEAU, el mismo que comprende 03 dimensiones, 09 factores, 16 criterios, 84 indicadores, 97 estándares y 253 fuentes de verificación referenciales; una adenda con 125 indicadores de gestión para el seguimiento y evaluación del cumplimiento de cada indicador y estándar del modelo. En la actualidad se están aplicando encuestas sobre el contexto para la autoevaluación de la Escuela de Educación a los diferentes actores (estudiantes, profesores, administrativos y autoridades).

Habiéndose sensibilizado e involucrado los diferentes actores en la Escuela de Educación, estamos seguros, que se interiorizará una cultura evaluativa, en donde cada vez irán proponiendo proyectos de mejora en sus procesos sin tener que solamente implementarlo por exigencia gubernamental, sino más bien por que así lo exigen los cambios metodológicos y pedagógicos en la sociedad del conocimiento.

miércoles, 29 de abril de 2009

TRABAJO: “DIMENSIÓN FUNDAMENTAL DE LA PERSONA HUMANA” Con ocasión del 1 de mayo


Por: Dr. Hugo Calienes Bedoya
Rector

“Ciertamente el trabajo es «cosa antigua», tan antigua como el hombre y su vida sobre la tierra”. Con estas palabras de Juan Pablo II [1] nos colocamos frente a una realidad que está presente en la vida del hombre desde que fue creado. Narra el génesis el momento preciso en que Dios lo coloca en el jardín[2] con una misión precisa, cultivar la tierra y guardarla.[3]. Recibe pues el mandato de trabajar como medio para cumplir con la misión que se le encomienda[4].

Analizando los textos citados entendemos que al hombre se le otorga la creación en estado de “vía”, de hacerse, incompleta pero llevando en germen lo que debía ser siempre que, en buen uso de la libertad, se le diera la dirección correcta: que la acción humana sobre ella la enalteciera, no la envileciera.

Llamamos trabajo a toda actividad humana destinada a producir algo. Es un hacer que implica necesariamente un hacerse. Toda intervención humana deja huella (positiva o negativa) en lo manipulado pero fundamentalmente deja honda huella en si mismo. Trabajando la persona crece o decrece como tal. Se puede catalogar a alguien, en términos éticos, como mejor o peor, con solo observar los frutos del trabajo realizado: cuando se goza de plena libertad, elección supone conocimiento de lo elegido y conjuntamente intención y finalidad.

Al ser el trabajo una dimensión fundamental de la persona humana, en su ejercicio se juega la orientación que seguirá su vida. No caben atolondramientos, ni hacer por hacer, porque la marca que deja esa acción pasa factura y condiciona el futuro. El mandato de construir la tierra está especificado términos de servicio, de donación, no en términos egoístas. El egoísmo busca justificarse llamándose enriquecimiento en solitario (al que se puede tener derecho). Argumento falso porque lo único que consigue es empobrecer cada vez más a la persona obligándola a caer en el círculo vicioso de la insatisfacción. Cuando el trabajo es servicio, es la propia experiencia la que habla de enriquecimiento personal y social.

Estas consideraciones son oportunas por la cercanía al Día del Trabajo, proclamado por la Organización Internacional del Trabajo para el primero de mayo, fecha a la que la Iglesia agregó la conmemoración de San José Artesano. Como sabemos, fue el presidente José Pardo y Barreda quien, el 15 de enero de 1919, decretó la jornada de ocho horas, hito fundamental en la construcción de un Derecho del Trabajo, que se rememora todos los años en este día. Desde entonces, mucho hemos avanzado no solamente en el derecho laboral sino en la seguridad social, aunque todavía queda bastante camino por andar en ese sendero. Pero no cabe duda que estos acontecimientos nos invitan sencillamente a trabajar “mucho y bien”.

Abundantes son los motivos para hacer el trabajo con la mayor perfección posible: realización personal, prestigio, necesidad de unos ingresos para sostenernos y sostener a una familia, contribución al bien común…Todos caben siempre que respondan a la petición original del creador. El trabajar “mucho y bien” es un compromiso de gran envergadura que exige a todos: aprovechamiento del tiempo, capacitación permanente (cualquiera que sea la ocupación elegida), ilusión humana, ejercicio de virtudes para no trabajar solo cuando se “tengan ganas” y terminar lo empezado cuidando hasta el último detalle, ayudar a los compañeros cuando se les haga cuesta arriba el trabajo, dar ejemplo de coherencia de vida y, siempre, sentido de solidaridad universal que es sentido de responsabilidad en lo concreto del día a día.

“Hemos de convencernos, por lo tanto, de que el trabajo es una estupenda realidad, que se nos impone como una ley inexorable a la que todos, de una manera o de otra, estamos sometidos, aunque algunos pretendan eximirse. Aprendedlo bien: esta obligación no ha surgido como secuela del pecado original, ni se reduce a un hallazgo de los tiempos modernos. Se trata de un medio necesario que Dios nos confía aquí en la tierra, dilatando nuestros días y haciéndonos partícipes de su poder creador, para que nos ganemos el sustento y simultáneamente recojamos frutos para la vida eterna: el hombre nace para trabajar , como las aves para volar”[5]


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[1] Juan Pablo II, “Laborem exercens”, n. 3, Roma. 14. IX. 1981
[2] Gén 2,8
[3] Gén 2,15
[4] Gén 1, 28, «Procread y multiplicaos, y henchid la tierra; sometedla»,
[5] Josemaría Escrivá, “Amigos de Dios”, n.57, Ediciones Rialp, Madrid 1977

miércoles, 22 de abril de 2009

UNA EDUCACIÓN PARA EL AMOR DESDE EL HOGAR (II PARTE) “LA IDENTIDAD SEXUAL”


Por: Claudia Ruiz Salaverry
Instituto de Ciencias para el Matrimonio y la Familia

¿Cómo se opera el desarrollo sexual de nuestros hijos? Esa es la pregunta que quedó planteada en el artículo anterior y hoy intentaré resolver, al menos en lo que respecta a los primeros 10 años de vida.

Conviene partir de una idea básica, aunque evidente: Los seres humanos no somos “algo” sino “alguien”. Esta verdad tiene infinitas implicancias entre las que se halla el hecho de que la calidad de persona reclama de los demás el ser reconocido por sí mismo y por lo demás como un ser único e irrepetible, con dignidad y valor propios, con un Yo que exige profundo respeto.

Queda evidenciada así la necesidad de valorar convenientemente cada uno de las dimensiones personales de nuestros hijos y prestar atención a sus procesos evolutivos que son los que marcarán su vida futura y harán posible su realización personal.

Durante los seis primeros años de vida, se operan una serie de cambios, quizás los más importantes y radicales de toda la existencia. Todos los estímulos del ambiente servirán para fortalecer el sistema neurológico; el desarrollo humano se opera de manera ininterrumpida; el infante atraviesa unos períodos sensitivos en los que conviene fijar ciertos hábitos que fortalezcan su voluntad como el orden y la sinceridad. Todo se mueve paso a paso.

Este es un período muy importante también porque es en esta etapa en la que la persona se hace consciente de su diferenciación sexual. El niño de tres a cinco años no alcanza todavía un conocimiento cabal de su condición de ser sexuado como ocurrirá en la adolescencia o adultez; sin embargo se da cuenta de las diferencias que existe entre las personas, entre niños y niñas, entre papá y mamá.

Estamos frente a un aprendizaje espontáneo en el que descubre paulatinamente que él es hombre y ella es mujer. Pero esa espontaneidad del proceso se ve reforzada por la educación paterna y materna respecto a las experiencias que les facilitamos a fin de que ellos refuercen esa noción básica llamada identidad sexual.

Desde el nacimiento conviene tratarlos como lo que son: él o ella, respetando – claro está - la singularidad de cada hijo. En esto, los colores que emplean, los juguetes que usan, las frases con las que nos dirigimos a ellos, la naturaleza de los juegos, son factores que debemos cuidar y que son claramente diferenciadores.

Una segunda etapa, a la que llamaremos “la gran infancia”, que va desde los cinco años hasta los diez, aproximadamente, nos muestra que el niño pasa de la etapa del egoísmo infantil, las rabietas y el círculo social de la familia a una mayor capacidad intelectual y social, a la capacidad de observación e indagación y al círculo amplio de amistades escolares. En el tema de la identidad sexual, esta etapa refuerza la noción de su propio sexo fundamentalmente con la imitación de modelos: sus padres, profesores y pares (hermanos y amigos).

Es este momento en el que niño sintetiza su conciencia de ser sexuado y se necesita haber acompañado el proceso con una adecuada educación del pudor. La educación de la intimidad y la formación anticipada de temas en torno a la sexualidad se ponen de relieve. Es la hora en que los padres deben tomar la delantera dejando de lado la idea de que los niños aún no se plantean ciertos temas que el entorno y los medios de comunicación ya se han encargado de adelantar y, muchas veces, de distorsionar.

miércoles, 15 de abril de 2009

MANOS A LA OBRA: “DEFENDER LA VIDA HUMANA DESDE SU CONCEPCIÓN”


Por. Segundo A. Díaz Flores
Profesor adscrito al Departamento de Ciencias Teológicas

En el mes de enero recibimos con asombro estas dos malas noticias: 1. Los avances de diagnóstico prenatal generalizado, para evitar cualquier nacimiento de bebés con discapacidad, promoviendo de esta manera, el mal llamado “aborto terapéutico”. 2. La posibilidad de tener ‘bebés a la carta’, o selección genética, lo cual puede terminar por introducir un nuevo estatus discriminatorio: los que pueden costearse esa selección y los que no.

Pero quien o quiénes están detrás de toda esta barbaridad “antivida”. Para dar respuesta a ello recurro al diagnóstico hecho por Dr. Luis Solari de la Fuente, expuesta en su Conferencia: “La defensa de la vida en el Perú”, organizado por el Instituto de Ciencias para el Matrimonio y Familia, y el Centro de Investigación de Bioética, de la Universidad Católica Santo Toribio de Mogrovejo de Chiclayo (marzo-2009). En su ponencia el Dr. Solari afirmaba que gracias al “dinero americano”, se nos venía una avalancha de propaganda y promoción agresiva pro abortista en todos nuestros países latinoamericanos.

Pues en enero, el Presidente del país, aun, el más poderoso del mundo, Barack Obama ha levantado el veto de las subvenciones federales a grupos de planificación familiar que ofrecen servicios sobre el aborto, veto promovido por el ex presidente Bush. Tal norma a la que afecta el decreto obligaba a toda ONG estadounidense a “no realizar o promover activamente el aborto como método de planificación familiar en el extranjero”, si deseaba recibir una subvención federal. Pero ahora en adelante Estados Unidos se vuelve a convertir en un país pro-abortista a escala mundial [1].

Sin embargo, gracias a Dios, de quien depende todo, parte de aquella población norteamericana que cree en la cultura de la vida, ha manifestado su oposición a dicha norma, pues mientras se está viviendo una de las peores crisis económica, donde lo racional sería ahorrar, y principalmente el estado, sin embargo, a Obama se le ocurre gastar el fondo público para promover la muerte de inocentes. Así lo hace entrever Charmaine Yoest, presidenta de la asociación pro vida Americans United For Life, quién manifestó: “Cuando nos levantamos cada mañana con una mayor crisis económica, es un insulto que el pueblo americano salga al rescate de la industria del aborto”.

Pero en dónde van a operar estas ONGs de muerte. El Dr. Solari, nos decía en su conferencia citada, que detrás de esta monstruosidad antinatal, estarían los lobbies económicos de Estados Unidos, infiltrados en el Congreso norteamericano y en la Casa Blanca, funcionarios del estado norteamericano que defienden grandes intereses económicos de muchas empresas. Pues ante la crisis mundial, muchos inversionistas creen que su salvación estaría en la en el negocio de productos y prácticas abortivas, que con apariencia de prácticas humanistas, se llenarían los bolsillos a costa de la muerte de muchos inocentes.

Por lo dicho, todos los que estamos convencidos que todo ser humano tiene derecho a vivir desde su concepción, debemos estar preparados para contrarrestar el bombardeo de acciones en contra de la vida y que van a inducir a muchos de nuestra gente de Latinoamérica a aceptar el aborto como un derecho. Puesto que después de la publicidad abortiva, vienen los mecanismos jurídicos para que estas empresas puedan operar sin ningún obstáculo. Así lo aseguraba el Dr. Solari, quién vivió en carne propia estas políticas económicas en aquel régimen de gobierno en el Perú, que presionado por los organismos económicos mundiales, obligaban a difundir un política antinatal y donde el sector de salud promovía la esterilización masiva de nuestra población rural.

Esta defensa de la vida que debemos hacer desde donde nos encontremos, tienen que concretizarse en diversas iniciativas, contando con la desventajas del caso, puesto que los pro-abortistas harían su trabajo no tanto por una convicción sino por el interés económico, por el dinero norteamericano, que pagarían su accionar; mientras que nosotros contrarrestaríamos, esto no por un sueldo, sino por una firme convicción: el triunfo de la vida sobre la muerte. El reto está lanzado.


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[1]En los Estados Unidos se realizaron 1,3 millones de abortos solo en el año 2008.